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Ayer me llegó el siguiente mail de una compañía de car sharing cuyos vehículos suelo utilizar. Llamémosla Carble:

“Entra ahora en [web de una compañía de luz y gas, digamos Gasol] y solo por dejar tus datos, ¡disfrutarás de 10 minutos en Carble! Y si contratas la luz y el gas con Gasol para tu hogar, te llevarás 300 minutos más de regalo”

Eché un cálculo aproximado del coste que para Gasol tendría cada cliente que diera sus datos y éste resultó ser de unos 3 euros. Es decir, Gasol está dispuesto a pagar 3€ por mis datos, sin contratar nada, y 90€ si me hago cliente.

Independientemente de lo que nos puedan parecer este tipo de campañas desde el punto de vista de la imagen sobre el respeto de la privacidad de ambas compañías, lo cierto es que nos da una pista acerca del valor de nuestros datos personales.

Teniendo en cuenta que tanto Javier Martínez como yo hemos escrito un libro denominado El Valor del Dato, mi gran pregunta es la siguiente: ¿cómo han llegado a la conclusión de que 3 euros es un precio adecuado? ¿cómo se ha calculado dicho precio?

Cierto es que si alguien paga 30 veces más por hacerme cliente que por impactarme publicitariamente, esta relación nos transparenta las cifras del funnel de conversión de no cliente a cliente, corregido con la posibilidad de que yo ya sea actualmente cliente de Gasol.

Pero insisto, ¿cómo se ha fijado la cifra de 3€?

Quizá sea un valor comparable al coste por cliente captado, en una campaña publicitaria tradicional.

O a lo mejor se ha construido a la inversa: si el coste a pagar por un nuevo cliente se ha fijado financieramente en 90€ y la relación del funnel es 1-30, entonces el precio a pagar por obtener los datos de un cliente sean esos 3€.

Puede ser también que hayan leído el excelente artículo de Karen Hao, del MIT, de Marzo de 2021, How to Poison The Data That Big Tech Uses to Surveil You, donde se da la cifra siguiente: si el 30% de los clientes hicieran una “data strike”, la exactitud de los modelos caería un 50%. Los cálculos internos de Gasol habrían hecho el resto hasta llegar a los 3€.

Sin embargo, una hipótesis que se abre paso es que se hayan leído El Valor del Dato, ya que en su capítulo 5.4.2. se calcula el precio a pagar por el opt-in de los clientes, y puede llegarse a la conclusión de que, sin los datos de los clientes, poco valor obtendremos de nuestros datos.

En cualquier caso, un buen aviso a navegantes es que, habida cuenta de la creciente relevancia que la privacidad está teniendo entre los usuarios, mejor será que las compañías nos pongamos a calcular el precio que debemos pagar a nuestros clientes por el uso de sus datos personales.

Los cambios llegan repentinamente, y más de uno puede resultar anegado por la ola de la privacidad.